Norma Jean – Polar Similar (2016)

Norman Jean es un buen ejemplo del estado del metalcore y derivados independientemente de que el grupo te guste más o menos, pues éste abraza un estilo que no parece dar más de sí, no siendo tanto un problema de la calidad de las bandas como de la saturación del oyente ante sus fórmulas. Y entonces llega Polar Similar, el cual si bien no pretende imitar a sus cambios de formación y poner al género patas arriba, sí que mantiene el firme deseo de machacarte los oídos y combinar a la perfección los sonidos metal predominantes durante el siglo XXI.

Nos encontramos así ante un viaje con letras mayúsculas, con sus capítulos, sus puntos de inflexión, sus dosis de caos, organización y sorpresa sin el peligro de acabar desfondados por el camino y terminar antes de hora. Nuestra epopeya comenzará con la potencia de los inicios de siglo, conteniendo uno de esos estribillos que sube a los olimpos del ciberpunk industrial mientras que la percusión cruda, orgánica, apunta sin embargo hacia lo que después será denominado por djent. Continuará con la desesperación de cierto metalcore que rozó con los dedos a un post-hardcore que finalmente decidió irse por otro lado, dejando al primero en soledad, conformándose con los fuegos artificiales, perdiendo poco a poco los nervios hasta golpear con la cabeza la pared del mathcore. Aunque para ello antes deberá experimentar, transitar cierto sendero horrorcore, también el metal más comercial y los gemidos nu-metal.

El segundo acto se inaugura con la tensión de un film de terror psicológico, dando a entender que todo lo escuchado anteriormente se está viniendo abajo, volviéndose el sonido más machacón, más caótico, pero también con más matices en su dureza, cambiando los detalles por la melodía. Un descenso magnífico a los infiernos, aunque sea un grupo cristiano –o precisamente por ello. El enlace entre “Synthetic Sun” y la caída de “Reaction” tienen por vasos sanguíneos el sonido prog-sludge-stoner de su sureste geográfico que incide en semejante descenso revelador, dando paso al tercer acto.

Acto que se inicia con un blues sudoroso, del desierto que el protagonista de Paris, Texas recorre a pie. La odisea adquiere rasgos tumultuosos, de algo así como un metalcore outlaw donde en “An Ocean of War” se tira de los pelos y se desintegra de placer lunático à la Dillinger. Eso sí, siempre manteniendo un sabor a tierra en un sonido propio de sus coordenadas geográficas, dándoles un toque de distinción que les sorprende incluso a ellos mismos.

No es de extrañar entonces que durante el final, “IV. The Nexus”, el remanso de paz roto sea el del cadáver tranquilo en el suelo por un lado y el espíritu directo al averno, por otro, en una música donde el metalcore ya no se puede despegar de bandas como Mastodon o Baroness. Lo dicho, todo un viaje por el interior del metal hasta encontrar el camino de vuelta y llegar así a su particular own private Ítaca.

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Web: http://normajeannoise.com

Procedencia: Georgia, Estados Unidos.

Género: Metalcore goes local.

Nota: Dale al repeat hasta que lo viralice cualquier gilipollas.

SubRosa – For this we fought the battle for ages (2016)

Qué esperar sino la luna llena cuando el primer tema ya son dos, unidos por un título “Despair is a Siren” que por él mismo resulta tan evocador como sólo lo puede ser la voz desagarrada de Rebecca Vernon. Sin embargo, le falta una justificación a su duración que encontraremos en “Wound of the Warden” con esa atmósfera heavy-psych que carga tensión en las mandíbulas, amén del toque folk del anterior tema, introducido ahora subterráneamente, ahogado, necesitando respirar. Sus latidos lo convierten en un corte mucho más potente, donde la dualidad previa se refleja aquí en las voces, en unos violines eléctricos en liza con unas guitarras sin piedad. Un caos que conduce a la asfixia, la desesperación y una belleza entrevista con los ojos tornados, demasiado preocupados porque todo se está destruyendo bajo nuestros pies y, sobre todo, en las alturas.

Esos primeros ocho minutos duran lo que cerrar los ojos automáticamente y volverlos a abrir tímidamente, encontrándonos en otra dimensión. De la destrucción de la crisálida ha salido liberada una voz de otro planeta, con un sabor pop-doom absolutamente cautivador, el cual nos obliga a leer el álbum al revés, relatándonos el por qué de la sirena del tema anterior. Más cuando “Black Majesty” despliega una vanidad deslumbrante con la que comprender las melodías anteriores, permitiendo captar los matices de todo aquello que antes sonaba tosco, percibiendo el papel enfático o reductor de cada instrumento. Pasaje que por otra parte desemboca en un hijo bastardo entre un Orphaned Land no oriental y un Baroness no sureño en orgía con una Grace Slick muy pasada de vueltas.

Tres temas cuya duración total roza los cuarenta y cinco minutos dejan paso a otros tantos, donde el siguiente “Il Cappio”, de minuto y medio, funciona como apertura al siguiente acto. Segundo acto que realmente es el primero en tanto cuenta los inicios de la protagonista. Así “Killing Rapture” posee una melancolía en sus violines más propia del hambriento en el medio oeste estadounidense que del aristócrata europeo. Estamos antes con Warren Ellis que con un grupo de Gothic Doom. La rabia de la princesa cruel es la de quien pasó hambre en una infancia problemática, o al menos eso nos susurra el último “Troubled Cells”, manteniendo la atmósfera previa mientras nos metemos en la piel de una niña pequeña que sabe más que nosotros. Y no, no es una canción de amor.

Encima estarán durante los próximos meses de gira europea con Sinistro.

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Web: https://subrosa.cc/

Procedencia: Utah, Estados Unidos.

Género: Aerial Doom.

Nota: Dale al repeat hasta que lo viralice cualquier gilipollas.

Infant Annihilator – The Elysian Grandeval Galèriarch (2016)

Una tormenta eléctrica te pilla de camino a casa, impactando un rayo en tu sesera y creándose dos realidades superpuestas. La death, la de tu muerte vamos, y otra con la suavidad de una máquina recreativa averiada donde a veces captas de fondo lo que vendría a ser su banda sonora de funcionar correctamente; paisajes orientales, sonidos de fauna animal, espacios lounge con una banda de jazz tocando relajadamente. Ahora fusionados en un mismo cuerpo supurando un mar de cables. Nada más que añadir.

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Web: https://www.facebook.com/InfantAnnihilator

Procedencia: Hessle, Reino Unido.

Género: Technical Deathcore.

Nota: La mejor excusa para cancelar una cita, mejor, compártelo con ella.

Lord Vicar – Gates Of Flesh (2016)

Comienzo rápido que arrambla con un riff setentero, desembocando en un desierto ochentas del que brotan aires psicodélicos. La escuela de los Orchid. Por estar surcado de una melodía endulzada por las amarguras de este siglo, la cual, si bien dice situarse en los inicios del género en la era Reagan, no se resiste a querer ser de una década anterior. Extraña esa voz dark wave pasada por un filtro mansonesco que alardea en el estribillo de hacer el amor con Depeche Mode. Y de postre un paisaje instrumental de regusto lisérgico. Una delicia algo desequilibrada, muy bien.

Pero si lo que buscas es una senda empedrada por Saint Vitus entonces espera a “The Green Man”, ésta termina en una catarata, duchándote bajo ella. La frescura de un viejo en la fuente de la juventud que dejas sonando en un vinilo eterno mientras realizas cientos de actos, todos inconfesables. Sí, tantos actos inconfesables hay, así nos lo chiva el hombre verde. Tras el exceso “A Shadow of Myself” se encuentra en sintonía con esa portada tan divina como demoniaca, con la calma tensa de la música ambiental de un palacio. Quizás el de Gilles de Rais. Al fondo del gran salón se encuentra un “Breaking the Circle” mucho más pesado, lleno de cadenas que a pesar de no alcanzar el rango de psicópata-depresivo del sludge sí que poseen el doom de finales de siglo que pasa del hard rock para jugar a rol en vivo. Eso sí con las vocales del dark wave de nuevo, también del sedoso Bloody Hammers o de un grupo emo a lo Citizen al que habiéndole arrancado el corazón –otra vez– se lo hubiésemos rellenado con el de Bárcenas. Esta última opción parece la más precisa.

Una de cal y otra de arena entonces, ese es su juego perverso, abarcar ambos flancos. No sorprende entonces que “Accidents” nos devuelva al pasaje ochentero, esta vez sin rastros de psicodelia y sí del doom sabbathiano de cripta, incluyendo el acelerón que nos mete de lleno en el garaje de Vol. 4 sin necesidad de abrir la puerta. Los desperfectos son su rollo. Y lo mismo con “A Woman out of Snow”, con un sonido más acústico pero con la voz más cercana al gótico y a esa sensualidad pérfida que no necesita de cuero y fusta para dejar marcas en la carne. Empatados llegamos al último tema, excitados por averiguar por qué lado sonoro se van a decantar –sí amigos, así es la vida del morador de la noche. “Leper, Leper”. Pues con ese título que va a ser, doom ochentero, pero del año 580, con ese caminar con las penas como cadenas mientras te gritan ‘leproso’ bajo una atmósfera que contiene nuestro aliento desesperado. ‘Alguna vez fuimos alguien’, pensamos, ‘sí, y hoy eres un pedazo fétido, no te acerques asqueroso’, añaden.

Sonreímos. Aun perdiéndose parte del arreón psicodélico del comienzo del álbum, éste sigue haciéndonos sentir el frio del verano. Mientras tanto la mayoría sigue identificando a éste con el calor, nosotros, un trozo mutilado de él, lo vemos de otra forma.

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Web: http://www.facebook.com/lordvicar

Procedencia: Turku, Finlandia.

Género: Doom Dark Wave.

Nota: Escucharlo es una buena idea mientras esperas a que desaparezcan los callos de tus genitales.

Trae tha Truth – Another 48 Hours (2016)

La intro con voces rescatadas entremezclándose, el toque de los sintetizadores distópicos de los últimos The Tony Danza Tapdance Extravaganza, asegurándonos que la catástrofe está cercana, y esa sensación de profundidad espacial. Todo indica que estamos ante un viaje mucho más profundo que el mero vacileo G.

“G Thang” tiene la sensibilidad de Bones, del blanco country abandonado frente a la gran nada de nuestro mundo cyberpunk. Sensación que conecta con el comienzo del track en donde Trae habla con un chico, con la soledad noventera que camina mano a mano junto a la voz aterciopelada del dirty south de los dos mil, ahora triste, derrotada. Salvo que Trae y los suyos no tuvieron la posibilidad de convertirse en yuppies cuando crecieron. De la misma manera, el toque chopped & screwed ya no tiene esa agresividad violenta, sólo morfina en el cuerpo.

Calmados a nuestro pesar “Slow & Tip Toe” es la noche criminal donde la tensión se masca en el ambiente, combinado con el siguiente “Slant” en el que regresa el otro Bone, el de Columbine, ese trap que no es el blues negro sino que pretende desarrollarse extendiéndose por todo el espacio, buscando convertirse en atmósfera. Así, sin imponerse, su voz ralentizada camina y camina como el que durante una depresión sigue avanzando en línea recta a pesar de no poder mirar al frente. “Cradle 2 tha Grave” y su dos mil pre trap nos añade una capa de elegancia que entenderemos más tarde, ahora “Trunk Is Gone Low” nos remite al comienzo de la mixtape, a la noche electrónica como un presente inalcanzable que nos hunde en “Break the Equator”. Nos sentimos mareados.

Más allá de ese sudor que enseña los dientes, el de la fiebre fría, estamos ante un imaginario absolutamente evocador, el cual recoge la evolución del rap sureño dándonos una serie de elementos capaces de crear una película neonoir. Nada que envidiar a Drive y a la corriente retro blanca, más teniendo en cuenta la cantidad de matices que despliega, como el aterciopelado “Ridin’ Top Dine” que tan bien clavaría con Z-Ro. Añadida la dimensión sensual comprobamos cómo ésta encaja con el siguiente “Long Time Ago” y sus amistades truncadas que desembocan en eso, en el trunk, en el maletero. “Open Up tha Trunk” son los secretos, los misterios, la violencia, la sexualidad, la noche que no se reduce simplemente a The Wire. Y esta estilización hace que “Texas” sea uno de esos temas que no se escuchan sino que se huelen.

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Web:  https://www.facebook.com/traeabn

Procedencia: Houston, USA.

Género: Southern Rap.

Nota: Dale al repeat hasta que lo viralice cualquier gilipollas.

RLYR – Delayer (2016)

Cuando te dicen que Steven Hess de Locrian, Colin DeKuiper ex de Russian Circles y Trevor Shelley de Pelican han formado un grupo existen varias reacciones posibles: 1) Que te quedes como estás, con la variante que incluye preguntar por el tipo de música que hacen y, al responderte que post-rock, suspires y masculles un ‘pesados que son, joder’; 2) Que te eches las manos a la cabeza, maldiciendo por enésima vez la formación de supergrupos, los cuales, como muchos gallos en el mismo corral, son un desperdicio de talento; 3) Que te toques.

Queda una cuarta opción, la de olvidar cuál era tu posición inicial una vez que le hayas dado al play y te sorprenda que este post-lo-que-sea-tirando-a-prog venga fuzzeado y lo-fi, como si se tratase de unos amateurs exquisitos, unos barriobajero que dominan más del tema que tipos con veinte masters. A partir de ahí sólo queda soñar.

“Slipstream Summer” es botox, borra cualquier tipo de arruga de una música que ya está comenzando a dar signos de fatiga y lo hace precisamente con un sonido borroso, arrugado, a sabiendas de que para llegar a niño otra vez hay que envejecer mucho. Éste es uno de esos temas de los que no te cansas, que huele a los enigmas de primavera, a las mañanas aún frescas de verano, al placer del frío otoñal y a la temprana noche de invierno.

“Delayer” es otra cosa. Comienza como quien ve una batidora desde debajo de la mesa porque todavía no es lo suficientemente alto y se pregunta cuántos mundos habrá detrás de ese aparato extraño. Continúa con una persecución que rodea a los habitantes del valle, con un sonido de cataratas y también de horda. Y sigue, tanto hacia atrás como hacia delante, con la blancura absoluta, sin imponernos ninguna imagen, prefiere que con su post-rock cristalino empapado de un lo-fi vago nos elevemos y al mismo tiempo nos desintegremos para no tener identidad alguna, cabalgando por ciento de direcciones distintas al mismo tiempo.

“Reconductor” es la sustitución de la percusión de la inmensidad de la jungla por el 4×4 de un robot seco. Ese viajar de lo máximo a lo mínimo tiene aquello de lo que tanto se pavonean los artistas pero pocas veces hacen, presentarnos los objetos cotidianos desde otras perspectivas. Mecanismo fundamental para rompernos por dentro. Después de eso bien puede caminar por senderos que recuerdan a unos noventa indecisos entre el grunge, el emo e incluso lo industrial o el stoner desértico, como si de chavales hubiéramos tenido que elegir entre una tribu u otra y ahora pudiéramos atravesarlas todas a nuestro antojo.

23 minutos. Eso dura el último “Descent of the Night Bison”, el cual parte de esa tradición vangelisniana que empapó a cierto post-metal, es decir, un sonido todavía hoy futurista, de los brillos puntiagudos del neón, los instrumentos de viento que resuenan lejanos, los ecos alargados y la languidez peligrosa, acechante. Pero lo mejor es su capacidad para reconducir este imaginario hacia el paisaje americano y sus grandes extensiones de tierra baldía, uniendo al Lysol de Melvins con un Evangelos O. Papathanassiou recién salido de un sucio callejón de post-hardcore emocional. Paso completamente natural que nos muestra cuál es el elemento clave del post-rock, nada de combinar sonidos en un mash-up aberrante, lo principal del Frankenstein es que tenga vida, poco importa su figura.

El tema seguirá su curso sí, y con él nosotros, ante la angustia y el placer de sentir que a cada segundo éste se va a acabar y nos encontramos en el clímax del álbum. Al siguiente segundo tendremos la misma sensación, el clímax del clímax, y al otro y así y así y así…

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Web: https://es-la.facebook.com/RLYRband

Procedencia: Chicago, USA.

Género: (post) Rock.

Nota: La mejor excusa para cancelar una cita, mejor, compártelo con ella.

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(Álbum dedicado a M.I.M.C, feliz cumpleaños)

Obscura – Akroasis (2016)

Pongamos tres ejemplos para ilustrar la conclusión.

“Sermon of the Seven Suns”. Que no nos confundan esos segundos vocoderizados a lo Marilyn Manson en Mechanical Animals, tampoco el tono global thrashero/death y atendamos al bajo que va a su bola. O a los toquecitos progresivos diluidos como el veneno en la prueba de La princesa prometida. Una vez nos lo hemos bebido y estamos preparados para un mundo propio de Miedo y asco en Las Vegas resulta que el tema se abre bajo nuestros pies, deteniéndose.

Giramos la cabeza repentinamente. No estamos en un desierto de peyote, ni mucho menos. Un gorrito de marinero, el sonido de un barco llegando a puerto, Chet Baker a nuestro lado con su trompeta, nosotros mascando una placa base a juzgar por el chirrío electrónico que pone en verde ciertos píxeles de la pantalla. Eso debe ser ver a la divinidad. Después del subidón se intentará mantener el relato mítico romantizado en tiempos de su imposibilidad gracias al bajo, por mucho que el thrash más cenutrio y la ciencia ficción más alucinada intenten hacerse con el poder.

“The Monist” como si Seinfeld con su música de entreactos se hubiese colado en un concierto de Cannibal Corpse, exacto, un poco a lo Ace Ventura, el cual, mezclado con el sonido oscuro y una batería algo tribalizada nos lleva al ciberpunk de Johnny Mnemonic. Por si fuera poco las guitarras hacen bucles como serpientes teniendo sexo y, de nuevo, el bajo a su rollo son las protuberancias que se mueven bajo la piel. Mareados, giramos la cabeza y allí está de nuevo nuestro colega Chet, vestido de grumete, adorador de Satán.

Venga, una más. “Akroasis” y el bajo que en ciertos momentos lleva un traje de etiqueta con la marca del jazz, en otros la melodía a lo aventura por llegar en una novela de Conrad; las guitarras, con los pies mugrientos y hálito mejorable, a veces dan una sonrisa progresiva que nos descoloca, en otras lleva el típico gorro de papel aluminio en la cabeza, soltando sus teorías conspiranoicas. Y lo hacen sin ponerse de acuerdo, cada uno a su aire sin que por ello desentonen en absoluto.

Como extra la amable “Weltseele”, pasaje donde poder soñar y acceder a la vez a todos esos lugares que se han estado cruzando, con el peligro de que te arrinconen y te exijan cosas que no puedes darles.

¿Conclusión? Obscura son únicos en combinar brutalidad, experimentalidad y clase.

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Web: https://www.realmofobscura.com

Procedencia: Múnich, Alemania.

Género: Technical Metal.

Nota: Dale al repeat hasta que lo viralice cualquier gilipollas.